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El vaso de txikito

El vaso de txikito-XAKO

Hay escenas que se repiten en el Casco Viejo de Bilbao. Pides un pintxo, algo de beber. Podría ser un txakoli, un vino de Rioja Alavesa o incluso sidra. Pero muchas veces, lo que llega a la mano es otra cosa. Un vaso pequeño, contundente, con un peso inesperado. Un vaso que, aunque apenas tiene capacidad, parece guardar algo más que vino.

Lo que tienes delante no es solo un recipiente. Es un pedazo de historia de Bilbao.

Un vaso que no nació para beber

El vaso de txikito no siempre fue un vaso. De hecho, su diseño —pesado, con una base gruesa de vidrio y una capacidad reducida— no parece pensado para beber. Y no lo estaba.

Su origen más extendido se sitúa en el siglo XIX, cuando se utilizaba como recipiente para farolillos. Años más tarde, en 1929, con la visita de la reina Victoria Eugenia a Bilbao, cientos de estos vasos se colocaron para iluminar las calles. Tras el paso de la comitiva, la ciudad se encontró con un excedente de estos recipientes. Y entonces ocurrió algo muy propio de Bilbao: se les dio una nueva vida. Los bares empezaron a utilizarlos para servir vino. Y sin buscarlo, encontraron la medida perfecta.

Había nacido el vaso de txikito.

El tamaño perfecto para una tradición

Un txikito no es solo un vino pequeño. Es una forma de entender cómo se bebe, pero sobre todo, cómo se comparte.

De bar en bar, con la kuadrilla, tomando pequeños sorbos en cada parada. Así nace el txikiteo, una de las tradiciones más arraigadas en la cultura vasca.

El vaso tenía todo el sentido del mundo:

  • Su peso hacía el agarre más seguro
  • Su tamaño reducido permitía seguir la ruta sin excesos
  • Y su forma, dicen, incluso mejoraba el sabor del vino

No era solo práctico. Era perfecto.

Durante décadas, estos vasos formaron parte del paisaje habitual de Bilbao, tan presentes como las barras llenas de pintxos o las conversaciones que nunca terminan. Lo que desaparece… vuelve

Con el paso del tiempo, su uso fue desapareciendo. A partir de los años 70, los vasos tradicionales fueron sustituidos por otros más ligeros, más uniformes. Pero hay cosas que no se pierden del todo.

Hoy, el vaso de txikito está volviendo a aparecer en algunos bares del Casco Viejo. Y no es casualidad. Es una forma de recuperar algo que nunca debió desaparecer.

Porque el txikiteo no es solo una costumbre. Es una manera de vivir la ciudad, de encontrarse, de celebrar lo cotidiano.

Un objeto, un gesto, una ciudad

En XAKO creemos en el valor de lo que tiene origen, de lo que está ligado a un lugar, a una historia.

Por eso tiene tanto sentido que nuestros vasos de txikito hayan sido un regalo de Daniel García, del Restaurante Zortziko. Un nombre que, como este vaso, forma parte de la identidad de Bilbao.

Hay objetos que son más que objetos. Que contienen una forma de hacer, de compartir, de entender la vida. El vaso de txikito es uno de ellos.

Pequeño, pesado, imperfecto. Pero lleno de historia.

 

El vaso de txikito-XAKO-3

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