En La Seca, un rincón de tierra castellana lleno de historia y cepas centenarias, un viticultor llamado Javier Sanz encontró lo que parecía un pequeño milagro entre las hileras de verdejo: una planta distinta, solitaria, silenciosa. Una cepa tinta sin nombre, sin pasado conocido, pero con una fuerza antigua latiendo en sus raíces.
Después de más de un siglo ignorada, esta uva sin bautizar recibió, por fin, el suyo:
Cenicienta. Como en el cuento, era la olvidada, la que creció en la sombra, hasta que alguien supo mirarla. Y como en el cuento, cuando se le dio la oportunidad, brilló con luz propia.
En XAKO, esta historia nos emociona. Porque creemos en eso: en lo pequeño, lo resistente, lo que sobrevive incluso cuando nadie lo ve. Por eso nuestra uva favorita es la Hondarrabi Beltza, una variedad autóctona del País Vasco que, como la Cenicienta, ha estado al borde del olvido. Una uva negra, de ciclo largo y difícil cultivo, que durante décadas fue arrancada o sustituida, y que hoy vive un tímido pero esperanzador renacer.
Nos gusta mostrarla en lo que hacemos. Nos gusta hablar de ella. Porque en XAKO sentimos pasión por los más débiles. Por lo que crece a su ritmo. Por lo que aún no tiene nombre, pero guarda en sí toda una historia que merece ser contada.
Como la piel que cuidamos, como la tierra que nos alimenta, como las cepas que renacen cuando alguien las mira con atención.





